domingo, 16 de julio de 2017

Mudanza

Extrañarles es ver una pintura vieja.
Dentro del marco:
Lágrimas que nos acercaron los colores de las rosas a las pupilas.

Hay colores azules, grises
Y destellos de color allá, fuertes a la distancia:
los restos de amanecer entre las olas.

Humo, olor a cerveza y ojos verdes.
Calor del abrazo, velas en alto ante los vientos crueles.
Trozos de madera sobre las aguas con inercia de suspiro.
Martillos, cuerdas, ingenio,
Cabello castaño y dorado en espiral.

Los extraño con la melancolía con la que se visita un museo
Con la conciencia que cada brochazo lo ha parido una herida, una duda, un beso.

Los quiero tan cerca que tuve dar un paso hacia atrás y apreciar el cuadro desde la distancia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

I

El velo bonito del inicio se me cayó
cuando me viste echada en tu cama llorando
y la tristeza quebrándome los huesos.

Verás,

No quiero ser ideal. Me cansé de eso hace tiempo.

Mi forma de quererme es raspar cada junta de concreto
con esa punta que afiló mi ansiedad
e ir botando cada ladrillo.

Dentro no hay sonrisas ni firmeza,
lo que hay dentro se parece más a un plasma gris con vetas de colores.

Dentro hay un corazón dolido que jamás se detiene.

De pie, frente a los escombros,
tomo tu mano y, espantando el polvo con la otra,
te traigo dentro.

Mi forma de amarte es dejarte entrar.
Si besas las piedras rotas, te sonrío
y te beso de vuelta.

martes, 9 de agosto de 2016

Romper con tinta esta hoja en blanco
implicaría rasgar por su centro
la máscara de papel que construí
para ti.

A veces se moja con llanto colado por los poros.

La sonrisa no es hermética
y los ojos, sobretodo,
brillan a gritos, siempre.

Así que hoy andaré por ahí con córneas rojas de silencio.

Con ese vaho por el que uno camina cuando es impotente.

El mundo se reduce a una sola cosa y cuando no,
me regresa a la cosa.

Habría que llorar el dolor entero y vivir como una muchacha de 27
habría que salir de este país,
dejar que me abracen otro cielos

pero el lugar de uno a veces está de la mano de otros,
entre el fango,
sin soltarnos nunca.

miércoles, 6 de abril de 2016

.

No puedo acercarme. Es frustrante. Dejá de pavonearte por los pasillos.

Te veo y no sé bien qué me gusta de vos.

Tus pómulos y el color de tu piel. Sí. Y tu indiferencia.

También te he imaginado anciana.

Caminás casi ausente. Caminás erguida y triste. 

Quisiera mostrarte que mis palmas se ajustarían al borde de tu cadera todos los días.

Quisiera decirte que no te quiero,

pero que lamería tu pecho todos los días.

Que dejaría que las hebras oscuras tuyas me cortaran los labios,

que imagino absorber tu piel,

empujar tus rodillas,

enrojecerte un poco con los dientes.

En realidad lo que quisiera es verte regia, desnuda frente a mí.

Triste, si querés, pero regia.

Amplia, desplegada, dueña de vos misma.

Quisiera verte tuya. Entera.

Es cuando veo tu corazón lejos,

tu mirada apagada,

que deseo honestamente sepas regresar.



domingo, 25 de enero de 2015

Profesía de la respuesta infame

Globos oculares negro mate y hocico salivando algún tipo de advertencia fútil y pestilente. Una llamarada urgida y caótica sale de la coronilla de la criatura. Volátil, ruda, pedante y cruel: a la piel se le puede roer con fuerza pero jamás desprender. Por las venas de la bestia corre el ácido que quedó del más absurdo naufragio, dedos de garfio sin uñas, hace tiempo se las desprendió la ansiedad. Escupidas con sangre surgida de su propia lengua deformada por los gritos y reclamos venidos desde la fibra más antigua de su ser. De la cuenca vocal sale fuego y fango y mierda disparada con gran potencia, dirigida con ferviente ahínco a quien le hizo despertar, a quien no tuvo la culpa. Tanto asco da, da tanto asco. Su alma reside en el vórtice trivial y maternal de la indiferencia, rendida a la perdición absoluta de la identidad. Y su cuerpo le queda cada vez más pequeño, y la miseria y oscuridad de la que sobrevive le queda al cuerpo cada vez más grande. Estallará y se partirá el cuerpo en veintiún pedazos y le fundirá la cara a todo a quien esté cerca, a todo a quien se atreva a opinar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

"El mal empieza en las portadas. En el cine. En los videojuegos".
Julio Prado

¿Deshumanización cuál? Qué puede ser más humano - no sé, hoy no sé - que las consecuencias o la obediencia a la inercia o la desesperación, que la autodefensa grotesca y cruel y temprana, que el trueque de muñones. Los hogares son los negros. Qué digo, ¿hogares? Las jaulas más cálidas. Terriblemente oscuras. Retorcidas desde el abandono como la cara de la violencia omnipresente. La tristeza que desde la tinta y las brasas nos vació el abdomen y nos aplastó los pulmones la masticó y la escupió, quizá, un padre que le pareció una fantástica idea comprar juguetes para jugar a la segunda maldita guerra mundial, y las peleas de zompopos.  - Al perro se le patea para que deje de ladrar.- Vos niña, andá ve a quién más jodés, hay partido en la tele.- El coliseo es ahora la calle, la barbarie vomitó en la esquina de tu casa y es todo un espectáculo. ¡El fuego, la hecatombe, las córneas quemadas nacieron del abandono mismo! La crueldad tiene hambre y se alimenta de ombligos y la niña-mujer que caminaba hacia su muerte ardía desde hace años en odio y en no entender una mierda. Nadie entiende una mierda. Yo no entiendo absolutamente nada, a setecientos cuarenta y dos niños que caminaron por la banqueta sucia y vieron la evidencia impresa se les oscureció el alma sin que lo supieran, sin sentir náuseas, y tampoco entienden una mierda, así que estandarizan la miseria y caminan sin saberlo hasta ahogarse en el fango de la consciencia masiva y fantasmal que los trajo a esta tierra. No, ahogarse no: con el tiempo desarrollan branquias y respiran glutinosamente dentro del fango más pútrido, pero respiran. Ellos no tienen la culpa, no, no tienen la culpa. Señora, guarde su puta tablet: oiga lo que el nene jamás aprenderá a gritar. Oiga, quizá la esperanza esté en usted. El pesebre de la locura es la casa erguida sobre las relaciones que nacieron muertas - ultimadamente forzadas a vivir -, sobre el primer golpe o la primera caricia  paterna-vaginal, sobre la tristeza y la codependencia y las fotos de las portadas de periódicos, sobre los corazones rotos y qué más se yo, qué más se yo. Solo sé que ESTO no es normal, no, por favor, nada de esto es normal.

Ana Gris

sábado, 26 de julio de 2014

Porque eso es exactamente lo que necesito: un río incandescente desde los ojos que me reviente las heridas y que transmute las cicatrices. La impotencia ante lo innegable, la turbulencia de la ciudad, los semáforos y la aglomeración. Todo el sudor, el componente amorfo y apático y la náusea complaciente del aquí vivimos, del no hay ni mierda que hacer, de la decadencia y el desorden. Del dame lo que tengás canchita, apurate que te vuelo los sesos. De la ciudad convulsa, hipócrita y desordenada, que no puede soportar la carga ni de la desesperación ni de la esperanza misma, pura cacofonía, la pobre ciudad indefensa. Pura mugre acumulada en un océano de seres inhabilitados a cambiar un poco el orden de las cosas, hambrientos de oscuridad excretando apenas sus narices fuera del fango, de moho y de tristeza. Sumergidos en su miseria incurable, ineptos sin solución alguna o ahogados en paliativos complacientes-somníferos-embriagantes, que cuando vienen a ver ya los han hecho un poco más viejos y mucho más infelices, con cáncer o efisema pulmonar, consecuencia de sus carencias o falta de amor o de la quizá culpa de los otros, del no tomar en propias riendas el destino y reflejar no-vida en sus descendientes. O la apatía, o la deferencia. La ciudad es el fárrago más convulso, la colisión de todos los abismos. Esta ciudad está diseñada para la putrefacción intrínseca, la miseria condensada, el sentido más estancado de la evolución. Nosotros somos las bases del muelle putrefacto, estamos destinados a decir sí - condescendiente -, sí - obedecerle -, sí - sino por mula lo mataron- , el ruido nauseabundo del plomo retorciéndose en el instante justo cuando todo deja de tener sentido. Estamos en la boca de la destrucción y la calma frágil y falaz no puede ser más latente. La costumbre y la comodidad y la ciudad que se vuelve el lugar idóneo para que florezca el miedo y la incongruencia. El decir sí, el decir sí ante toda la injusticia e idiosincrasia generalizada, la pseudodenuncia y la resignación. Las estrellas desgastándose queriendo o intentando alumbrar algo distinto, pero no hacen más que brillar sobre los ojos impotentes abiertos e inertes sobre la avenida.

Ana Gris